Desde que tengo memoria, la música y el movimiento forman parte de mí.
De pequeñita recuerdo lo feliz que me hacía escucharla, siguiendo el ritmo, cantando y bailando, imitando a las artistas.. La música me hacía libre, me permitía contactar con mi cuerpo y mi alegría, y disfrutar el momento.. Bailar y cantar eran la forma de expresar mi alma y mantenerla viva en un mundo que sentía complejo. ¡En qué pocas ocasiones podía sentirme así!
Más adelante relegué esta faceta, me convertí en buena estudiante, terminé la carrera de Derecho y estudié Periodismo. Durante años viajé por el mundo, viví en distintos países, conocí gente interesante y tuve momentos muy gratificantes. Junto a eso, un anhelo indefinible me impedía disfrutar de todo lo que vivía. La insatisfacción y la sensación de estar cada vez más lejos de eso que llamaban felicidad no me dejaba tranquila.. Finalmente, establecida en Ecuador, en contacto con chamanes, tuve la oportunidad de empezar a mirarme y sentir el abismo que me separaba de mí.
Junto a ellos, gracias a la magia de sus ceremonias y rituales, descubrí el poder de la Atención y de la Intención.. El silencio, los cánticos, los tambores, las danzas y las ofrendas, el contacto con la tierra y los elementos.. todo ello sucediéndose en un baile armonioso que me permitía abrir un espacio interno para ampliar mi visión sobre mí misma. Así fue mi primera toma de contacto con esa voz interior que me habló de mis miedos y conflictos no resueltos, de mi parálisis, mis guerras internas y mi dolor enquistado.
Poco después, regresar a Barcelona y entrar en contacto con el mundo terapéutico fue el siguiente paso natural: el reiki, la bioenergética, la gemoterapia (Ataraxia), danza consciente, 5 ritmos y terapia Gestalt me van explicando el por qué de mi vacío, del divorcio de mis emociones, la tiranía de mis creencias, la negación de tantas partes no aceptadas.. Poco a poco me voy situando y reconciliando conmigo.
A través de la danza experimento, en mi propio cuerpo, la naturalidad con que los fenómenos energéticos se suceden, en un ciclo que no cesa, abriéndose y cerrándose, expandiéndose y contrayéndose, una y otra vez. Un baile de elementos y polaridades que siguen su propio ritmo en un espacio infinito, en armonía con el cosmos..
Contrariamente a lo que creía, no tengo que forzar nada, ya que solo si me dejo, puedo ser. A través de la Gestalt, descubro esto mismo desde el punto de vista de que éste es un ciclo que se abre y cierra para cubrir unas necesidades que surgen de mi totalidad organísmica, también de forma armoniosa..
Ya consciente del milagro de energía que somos, de la sabiduría intrínseca de nuestro organismo (cuerpo, mente, emociones y espíritu) y de la necesidad de integrar nuestras polaridades, voy sintiendo la necesidad de compartir lo aprendido y empiezo a dedicarme por entero a la terapia.
Acompañar en el proceso de sanación a otras personas, a redescubrirse y aceptarse, es lo que me mueve y me conmueve cada día. Permitirnos darnos cuenta de cuáles son los movimientos (patrones) que nos impiden, y los que nos facilitan la propia vida; haciendo posible arraigarnos en el ahora, observarnos en nuestra totalidad y maravillarnos ante la belleza y grandiosidad del Ser único que somos.
Por ponerlo en palabras de Gabrielle Roth:
“La energía se mueve en ondas. Las ondas, en formas. Las formas en ritmos. El ser humano es solo eso: energía, ondas, formas y ritmos. Nada más y Nada menos. Una danza”. (Mapas del Éxtasis)
Y de Carl Rogers:
“No puedo cambiar ni dejar de ser lo que soy en tanto no me acepte tal como soy. Una vez me acepto, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta”. (El proceso de convertirse en persona)